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Historias

Chiloé, crónicas de un mundo insular. Dante Montiel

En diciembre de 2012 y en DIMAR ediciones, fue publicado este libro del investigador local Dante Montiel. El texto es un viaje a través de los recuerdos y un potente ensayo sobre diversos temas de interés cultural. Destaca en las diversas crónicas, una dedicada a la biblioteca patrimonial. Dice así:

"Es misión impostergable de las autoridades locales iniciar de una vez por todas la descentralización cultural, que por lo demás sería la solución al problema de acumulación de documentos y otros materiales similares en archivos santiaguinos, que un tiempo fueron presa de la insaciable necesidad cultural de la metrópolis, a fin que ellos retornen al lugar que les corresponde y no se mantengan en el exilio al que hasta ahora están condenados; sabiendo también que se escribe mucho en Chiloé. Disponer además de un lugar adecuado para conservar el valiosísimo material, una Biblioteca Archivo de Chiloé idónea a los tiempos, que sea un gran centro de irradiación cultural, favoreciendo no sólo a la comunidad insular, sino también a quienes de una u otra forma se interesan por esta cultura, permitiendo la utilización del material bibliográfico en Chiloé. Los fundamentos existen para solicitar este imperativo cultural; así con una identidad más reforzada enfrentaremos los desafíos que depara el nuevo milenio.

En 1995 se inauguró en la ciudad de Castro el "archivo bibliográfico de Chiloé", el centro documental bibliográfico más importante del país relativo a una cultura en específico. Hito trascendental como ya se ha demostrado, de vital proyección socializando la información cultural, que debe ser más potenciado y apoyado por las instancias oficiales".

Hoy en día, este proyecto documental se mantiene vivo y vigente en las dependencias de esta biblioteca, donde la Colección Patrimonial Archivo Chiloé sigue la senda trazada hace más de 15 años!

Los invitamos a consultar este texto y los relacionados con Chiloé. Acércate!

Chiloé, historias de viajeros. Felipe Montiel

Este libro pretende resaltar los testimonios de vida del habitante de Chiloé -viajero obligado- que lejos de su archipiélago se convirtió en peón de estancia, minero, esquilador, buscador de oro, ballenero, cipresero en las Guaitecas, constructor de faros en los archipiélagos australes, lobero y marino que, emulando a sus ancestros, navegó golfos y mares. Basado en entrevistas a campesinos que viajaban a tierras lejanas buscando el sustento familiar, ya sea en la pampa nortina o internándose en la inmensidad de la hasta entonces desconocida geografía patagónica, lentamente conquistada por los viajeros del austro, la investigación contempló 60 entrevistas en diferentes lugares de la provincia de Chiloé para tener una visión global y no focalizada del fenómeno migratorio, dice su contratapa.

Un extracto de las tantas memorias contenidas en el texto, trata el curioso juego del truco. Acá explicado por don José René Vidal Osorio, de Dalcahue:

Qué es el truco? Es un juego con naipes españoles donde se usa mucho la mentira y las cartas tienen un valor, la que vale más es el as de espada, después viene el as de basto, el siete de espadas y el siete de oro. Después vienen los tres, los dos, los ases falsos que le dicen al de copa y al de oro y después el rey, el caballo, la sota y las otras cartas hasta llegar al cuatro que no vale nada. Éste era un juego común que allá se jugaba mucho, casi todos eran buenos jugadores, habían muchos mentirosos, porque de eso se trata el juego, de engañar al contrario, de hacerle creer que tiene buenas cartas, de mucho valor, pero en realidad no tiene nada, una carta más alta va matando a la otra y por eso hay que saber mentir. Siempre se jugaba de a parejas y uno escogía un compañero que también sea bueno para jugar, entonces se le iba pasando las señas sin que los contrincantes se den cuenta para que el compañero a la hora de jugar ya sepa qué cartas tengo yo y qué puntos tengo. Lo bonito era cuando a uno le salía una flor, que son 3 cartas de la misma pinta, porque a uno le reparten 3 cartas, asi que cuando salía una flor se decía un verso, por ejemplo:

"Alambrada de siete hilos

campo, flor y buena aguada

si quieres jugar al truco

tienes que tener el as de espadas

A lo farruco, flor y truco.

En la puerta de un convento

había un cura en calzoncillos

pasó la monja y le dijo

que flor de mango pa'martillo"

En fin, todas estas cosas son parte de este juego que hoy en Chiloé se juega mucho y que vino de allá de la Patagonia..."

Si quieres continuar leyendo este tipo de memorias, acércate a la biblioteca. Recuerda que para ser socio sólo necesitas presentar tu carnet de identidad.

Quintanilla y Chiloé: la epopeya de la constancia. Manuel Torres

Manuel Torres Marín publicó en 1985, con la editorial Andrés Bello, un texto que ya es clásico para conocer la historia de la independencia y Chiloé. Se trata de "Quintanilla y Chiloé: la epopeya de la constancia", trabajo que narra y explica los últimos años de la resistencia chilota a las revoluciones de independencia, desde la perspectiva del análisis del último gobernador monárquico del archipiélago.

Entre sus párrafos destaca:

"Cuando en Pámanes estudiaba Quintanilla para clérigo, cuando en Santander se embarcó lleno de entusiasmo para América, cuando en Concepción se dedicaba al comercio, cuando hacía sus primeras armas en la guerra de Chile, no podía intuir entonces cuál había de ser, cuán largo, el camino por donde lo llevaría la vida. Tan sólo en Chiloé, en largas veladas invernales pasadas en su 'palacio' gubernamental de madera, mientras el viento quería arrebatar los techos de tejuela de San Carlos [Ancud] y la lluvia tendía una densa cortina sobre el mar, acaso allí llegó a entender por fin, con la mirada absorta en el fuego que crepitaba en el hogar, que su compromiso con el uniforme que portaba era un compromiso para toda la vida. [...]

Si en España no ha encontrado su nombre mucha repercusión -ni en vida ni en muerte- en Chile, y por sobre todo en Chiloé, no ha sido olvidado..."

Eso escribía Torres Marín en 1985. Si quieres continuar leyendo sobre este apasionante personaje de la historia de Chiloé, acércate a la Biblioteca!

Fragmentos de la cotidianeidad de los chilotes. Castro 1940-1949. Rodolfo Urbina

Rodolfo Urbina Burgos ha producido una variada gama de estudios referidos al archipiélago de Chiloé. En uno de sus últimos libros hizo un estudio de la ciudad de Castro a través de la memoria, escritos de autores locales y documentación municipal, dando forma a un texto editado por Okeldan el año 2012.

La década de 1940 en Castro tuvo una serie de hitos que marcaron a la ciudad. Los incendios que azotaron el centro y bordeo costero (1936-1941), el progreso del puerto que significó al recalada de barcos a vapor y un incremento en el intercambio comercial, sumado a un constante crecimiento urbano de la ciudad, llevó a Castro a alcanzar un incipiente desarrollo.

“Cualquiera que quisiera explicarse las causas del desarrollo, aunque modesto, que había alcanzado Castro en los años cuarenta, caería en la cuenta del papel fundamental que le cupo al puerto y su incorporación a los circuitos comerciales del litoral chileno que capitalizaba Valparaíso a principios de siglo. El puerto significó conectividad de la que Castro carecía o era muy ocasional antes de 1913. El tráfico marítimo se inició entonces en forma regular asegurando abastecimiento de mercadería y alentando a los comerciantes que terminaron instalando sus negocios en las calles más ventajosas, como Blanco y Lillo, desde temprano vinculadas al mar.

Era un cambio importante. Castro había sufrido una notoria decadencia en el siglo XIX. Tenía el título de ciudad, pero había descendido a la condición de aldea, con unos 500 habitantes en 1850 (cuando Ancud superaba los 4.000) y sin contactos regulares con el resto del país. Sólo en 1887 se construyó un muelle fiscal y en 1912-13 ya era puerto obligado de recalada de vapores, junto con la inauguración del servicio ferroviario entre Castro y Ancud, en 1912. Fue el punto de partida del sostenido aunque débil progreso demográfico y urbanístico. De los 1.200 habitantes en 1900 pasó a 2.500 en 1920. Desde entonces la población siguió ritmo ascendente. En 1930 contaba con 3.500 habitantes y 4.830 en 1940 cuando la actividad marítima y comercial alcanzaba su punto más alto.”

Los libros y artículos de Dr. Urbina se encuentran disponibles en la Biblioteca para su consulta y préstamo.

Memorias de Chiloé. Esteban Barruel

"Memorias de Chiloé y pueblos septentrionales" es un libro publicado en 2013 por el investigador calbucano Esteban Barruel. En él, utilizando la metodología de la historia oral, el autor realiza una compilación documental con recuerdos y anécdotas sobre el Chiloé del siglo XX, recogidas visitando lugares como Achao, Ancud, Castro, Curaco de Vélez, Chacao, Chonchi, Dalcahue, Puqueldón, Queilen, Quellón, Quemchi, Calbuco, Carelmapu, Maullín, Pargua y también Puerto Montt.

Entre sus múltiples entrevistas, por ejemplo, figura una realizada en Castro en 2008 a la señora Baldramira Vera Andrade, quien a la fecha tenía 86 años de edad. Ella, profesora jubilada, recordaba:

"Señora Baldramira en el año 1934 cuando usted llegó a vivir a Castro [...] ¿Cómo era la gente en Castro en general?

Era cariñosa y lo que daba más realce era la elección de reinas, de un barrio con otro, calle Lillo, Blanco, ahí eran disputadas las elecciones a reinas. Al final todos bailaban y lo pasábamos regio, muy bien. Ahí en el teatro Centenario llegaban las compañías, se hacían bailes de fin de año, venían los colegios. En esos años había pocas casas pero todos los años los colegios presentábamos la revista de gimnasia en el estadio. Había competencias de fútbol y básquetbol

De las costumbres, ¿algún recuerdo en especial?

Aquí se hacían carreras de caballos en la cancha que hoy es la calle Freire. Los caballos partían desde la plazoleta de Gamboa hasta arriba donde está el hospital. Ahí se juntaba mucha gente. Recuerdo que para el 18 de septiembre se hacían ramadas en la plazoleta Gamboa, traían orquestas del norte y había competencias".

Para continuar leyendo esta y otras entrevistas contenidas en este libro, acércate a la biblioteca. Tenemos varias copias a tu disposición!

Santería de Chiloé. Isidoro Vázquez

"Santería de Chiloé. Estado y catastro" es un texto elaborado por Isodoro Vásquez de Acuña y publicado en Santiago en 1994 por la Editorial antártica.

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Dice entre sus párrafos... "Se remonta a los orígenes de la evangelización en Chiloé, en donde se produce una simbiosis de dos mentalidades tan diversas como la española y la aborigen. Sin embargo, se entendieron en la común y permanente búsqueda del hombre a sus interrogantes e insatisfacciones trascendentales".

Este texto también está en la biblioteca pública de Castro!

Ver en http://cedarchi.cl/detalle_item.php?id=1409

Patagonia occidental en el periodo colonial. Ximena Urbina

"Las tierras al sur de Chiloé, tanto las costas del mar como el interior del continente, y hasta el confín austral, durante el periodo colonial pertenecieron jurídicamente a la provincia de Chiloé, con capital en Santiago de Castro, desde que fuera fundada en 1567. [...] Las costas australes fueron consideradas como parte de esa provincia porque aquellos archipiélagos se veían como una prolongación del de Chiloé, y también en ellos se imponía la navegación como forma de apropiación del territorio. La presencia eso si, fue más nominal que real, porque no hubo asentamiento permanente de españoles en aquel inmenso territorio[...]

De esta forma, en los siglos coloniales, las muy parcialmente conocidas tierras al sur de Chiloé, fueron exploradas desde la provincia insular, lo que no significó una ocupación permanente, pero sí una proyección constante."

Urbina, María Ximena, "Patagonia occidental en el periodo colonial...", PUCV, Valparaíso, 2014.

Este libro también está disponible en nuestra biblioteca!

Las incursiones corsarias holandesas en Chiloé. Isidoro Vázquez

"El 3 de junio al pasar entre varias islas advirtieron que los españoles 'incendiaban sus propias casas'. Al fondear al atardecer vieron en dirección al norte, posiblemente dentro de la ría de Castro, 'estando ya oscuro, el aire enrojecerse tanto como si toda una ciudad estuviese ardiendo'.

El tiempo tempestuoso y con fuertes ráfagas impidió el avance de las naves durante los dos días siguientes, pero el mayor Blaeuwbeeck con dos botes y su tripulación hizo una maniobra de reconocimiento, aproximándose a la ciudad. Desde la costa fue tiroteado por unas patrullas que sumaban unos 40 o 50 hombres de a caballo y de a pie.

El 6 de junio los corsarios atacaron la capital de Chiloé con su artillería, dejándose ver fuerzas de caballería e infantería, tanto en la playa como en la montaña. 'Pero cuando ellos nos vieron, como ya había sucedido anteriormente, se fueron al monte', dice Schmalkalden. Las tropas holandesas de desembarco se apoderaron de una ciudad vacía y no encontraron botín alguno, 'pues sus habitantes ya habían sacado todo de la ciudad; ellos mismos habían incendiado algunas casas y se habían retirado al bosque'. Las iglesias y otros edificios públicos estaban sin techo y completamente vacíos, incluso la de la Compañía, única techada con tejas, tan difíciles de hacer con aquel clima. Los 180 vecinos con sus familias y servidores se habían esfumado obedeciendo, sin duda, las 'órdenes del anciano general don Fernando de Alvarado, sucesor de Herrera en el gobierno de la provincia'"

Vásquez, Isidoro, Las incursiones corsarias holandesas en Chiloé, Ed. Usach, Santiago, 1992.