Lunes , 24 Julio 2017
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El anticristo. Federico Nietzsche

El anticristo. Federico Nietzsche

Nietzsche fue uno de los pensadores más importantes de la última parte del siglo XIX. Como filósofo trata cuestiones fundamentales en la vida del hombre, como la voluntad de poder, el eterno retorno de lo mismo, la muerte de dios y el surgimiento del superhombre. Una figura trascendental en la filosofía contemporánea que identificó la desorientación de la civilización occidental y entregó sus ideas respecto a la forma en la cual debía evolucionar el hombre.

 A continuación puedes leer el comienzo de una gran pregunta que el autor trata de responder en su obra.

“Mirémonos a la cara. Somos hiperbóreos; sabemos perfectamente bien hasta qué punto vivimos aislados “Ni por mar ni por tierra encontrarás un camino que conduzca a los hiperbóreos”; ya Píndaro lo sabía muy bien, y mucho antes que nosotros. Más allá del norte, del hielo, de la muerte; está nuestra vida, nuestra felicidad… Hemos descubierto la felicidad, conocemos el camino, hemos fallado el modo de superar milenios enteros de laberintos.

¿Quién más la ha encontrado? ¿El hombre moderno acaso? “Estoy completamente desorientado, soy como todo aquellos que está completamente desorientado”, así se queja el hombre moderno… De éste modernismo estábamos enfermos; de la paz ambigua, de los convenios cobardes, de toda la antigüedad virtuosa que consiste en decir: sí y no. esta tolerancia y largeur del corazón que todo lo “perdona” porque todo lo “comprende” se convierte en cirocco para nosotros. ¡Más vale vivir expuesto a los vendavales que vivir en medio de las virtudes modernas y demás vientos del sur!... Éramos demasiado valientes, no teníamos contemplaciones para nosotros mismos ni para los demás; pero durante largo tiempo no sabíamos otorgarle una forma a nuestra valentía. Nos volvimos seres oscuros y se nos llamó fatalistas. Nuestro fatum era la plenitud, la tensión, la acumulación de energías. Ansiábamos el rayo y la acción; y nos hemos mantenidos siempre muy apartados de la felicidad de los débiles, de la “resignación”… Nuestra atmósfera era tormentosa; la Naturaleza que somos se oscurecía, porque carecíamos de un camino. La fórmula de nuestra felicidad puede enunciarse así: un sí, un no, una recta, una meta…"

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