Martes , 18 Septiembre 2018
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El principito. Antoine de Saint Exupéry

El principito. Antoine de Saint Exupéry

Saint-Exupéry nació en Lyon, Francia. A los 12 años de edad se encontró con su vocación cuando un piloto que había hecho el raid Madrid-París lo invitó a volar. Más tarde hizo su servicio militar en el 2° Regimiento de Aviación de Estrasburgo, fue piloto de pruebas, intentó batir récords de velocidad, abrió rutas aéreas en África y Sudamérica y capotó tres veces. Una de ellas en el desierto de Libia, episodio que le sirvió para crear “El Principito”. Finalmente fue abatido sobre el Mediterráneo pro un caza alemán poco antes de que finalizara la Segunda Guerra Mundial.

Para conmemorar los 70 años de la muerte de este autor, recordamos un clásico de su literatura: El Principito.

“Me habría gustado empezar esta historia a la manera de los cuentos de hadas. Me habría encantado decir:” Había una vez un pequeño príncipe que vivía en un planeta apenas más grande que él y que necesitaba tener un amigo…”. Para los que comprendemos la vida, este comienzo habría sido más real.

Porque no me gusta que lean mi libro a la ligera. Me da mucha pena contar estos recuerdos. Hace seis años ya que mi amigo se fue con su cordero. Y si intento describirlo aquí, es para no olvidarlo. Es triste olvidar a un amigo. Y no todo el mundo tiene un amigo. Y no todo el mundo tiene un amigo. Puedo convertirme en alguien parecido a las personas mayores, que sólo se interesan en las cifras. Esta es una de las razones por las que compré lápices de grafito. A mi edad, dibujar resulta fatigoso, sobre todo cuando no se han hecho otras experiencias que las de la boa cerrada y la boa abierta desde la edad de los seis años. Trataré de dibujar retratos que se le parezcan en lo posible, pero no estoy seguro de salir airoso. Un dibujo puede salir bien y otro no tener ninguna semejanza. Me sueño equivocar incluso en la talla. Acá, el principito aparece muy crecido; allá, demasiado pequeño. Hasta dudo de la forma de su traje. Voy a tientas, así y asá, a veces bien, a veces mal. Es posible que me equivoque en detalles importantes; pero habrá que perdonármelo. Mi amigo nunca daba muchas explicaciones. Tal vez me consideraba semejante a él. Desgraciadamente, no sé ver los corderos a través de las cajas. Quizás soy como las personas mayores. He debido envejecer”

¡Si quieres leerlo, ven a la Biblioteca y consíguelo!

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