Viernes , 3 Diciembre 2021
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Tierra de hombres. Antoine de Saint Exupéry

Antoine de Saint Exupéry fue aviador. Se dedicó a romper récords de velocidad. En una ocasión viajando desde Nueva York a Tierra del Fuego, se accidentó en Guatemala fracturándose el hombro y el cráneo. La convalecencia la aprovechó para escribir “Tierra de Hombres”, meditaciones y recuerdos de sus diez años de aviador, que publicó en 1939. Acá va una de las muchas reflexiones que se pueden encontrar en este libro:

“… ¿Dónde se aloja la verdad del hombre?

La verdad no es lo que se demuestra. Si en tal terreno, y no en otro, los naranjos se despliegan sólidas raíces y se cargan de frutos, ese terreno es la verdad de los naranjos. Si tal religión, si tal cultura, si tal escala de valores, si tal forma de actividad y no tales otras favorecen en el hombre esa plenitud, liberan en él a un gran señor que se ignoraba, es que esa escala de valores, esa cultura, esa forma de actividad son la verdad del hombre. ¿La lógica? Que se despabile para que dé cuenta de la vida.

A lo largo de este libro he citado algunos que, al parecer, han obedecido a una vocación soberana, de los que han escogido el desierto o la línea como otros hubiesen escogido el monasterio; pero habría traicionado mi propósito si parece induciros a admirar, ante todo, a los hombres. Lo que, ante todo, es admirable es el terreno que los ha fundado.

Sin duda las vocaciones representan un papel. Los unos se encierran en sus tiendas. Otros cumplen su camino, imperiosamente, en una necesaria dirección: en la historia de su infancia hallamos un germen en los impulsos que explicará su destino. Pero la Historia, vista después, crea ilusiones. Aquellos impulsos los hallaríamos en casi todos. Todos hemos conocido tenderos que, en el curso de alguna noche de naufragio o de incendio, se han revelado más grandes que ellos mismos. Ellos no se engañan sobre la calidad de su plenitud: ese incendio quedará como la noche de su vida. Pero, a falta de nuevas ocasiones, a falta de terreno favorable, a falta de religión exigente, se han vuelto a dormir sin haber creído en su propia grandeza. Cierto, las vocaciones ayudan al hombre a liberarse, peor es igualmente necesario liberar las vocaciones.”

El principito. Antoine de Saint Exupéry

Saint-Exupéry nació en Lyon, Francia. A los 12 años de edad se encontró con su vocación cuando un piloto que había hecho el raid Madrid-París lo invitó a volar. Más tarde hizo su servicio militar en el 2° Regimiento de Aviación de Estrasburgo, fue piloto de pruebas, intentó batir récords de velocidad, abrió rutas aéreas en África y Sudamérica y capotó tres veces. Una de ellas en el desierto de Libia, episodio que le sirvió para crear “El Principito”. Finalmente fue abatido sobre el Mediterráneo pro un caza alemán poco antes de que finalizara la Segunda Guerra Mundial.

Para conmemorar los 70 años de la muerte de este autor, recordamos un clásico de su literatura: El Principito.

“Me habría gustado empezar esta historia a la manera de los cuentos de hadas. Me habría encantado decir:” Había una vez un pequeño príncipe que vivía en un planeta apenas más grande que él y que necesitaba tener un amigo…”. Para los que comprendemos la vida, este comienzo habría sido más real.

Porque no me gusta que lean mi libro a la ligera. Me da mucha pena contar estos recuerdos. Hace seis años ya que mi amigo se fue con su cordero. Y si intento describirlo aquí, es para no olvidarlo. Es triste olvidar a un amigo. Y no todo el mundo tiene un amigo. Y no todo el mundo tiene un amigo. Puedo convertirme en alguien parecido a las personas mayores, que sólo se interesan en las cifras. Esta es una de las razones por las que compré lápices de grafito. A mi edad, dibujar resulta fatigoso, sobre todo cuando no se han hecho otras experiencias que las de la boa cerrada y la boa abierta desde la edad de los seis años. Trataré de dibujar retratos que se le parezcan en lo posible, pero no estoy seguro de salir airoso. Un dibujo puede salir bien y otro no tener ninguna semejanza. Me sueño equivocar incluso en la talla. Acá, el principito aparece muy crecido; allá, demasiado pequeño. Hasta dudo de la forma de su traje. Voy a tientas, así y asá, a veces bien, a veces mal. Es posible que me equivoque en detalles importantes; pero habrá que perdonármelo. Mi amigo nunca daba muchas explicaciones. Tal vez me consideraba semejante a él. Desgraciadamente, no sé ver los corderos a través de las cajas. Quizás soy como las personas mayores. He debido envejecer”

¡Si quieres leerlo, ven a la Biblioteca y consíguelo!