Lunes , 14 Octubre 2019
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La huella de Abtao. Medardo Urbina

Este libro escrito por Medardo Urbina, lleva en su contratapa la siguiente presentación:

"El choque tectónico milenario de las placas de Nazca y de Sudamérica han generado el hundimiento progresivo del extremo sur occidental del continente en las aguas del Océano Pacífico, en su desplazamiento hacia el oeste y han dado origen al territorio desmembrado de innumerables islas, fiordos y canales que se inicia desde el Canal de Chacao al sur, empezando con el Archipiélago de Chiloé, que contiene más de 120 islas. Este magnífico proceso geológico que explica la Deriva Continental, los nativos chilotes lo han conservado en la tradición oral como “la lucha de las culebras Ten Ten y Cai Cai vilu”.

Así, la Isla Grande de Chiloé exhibe su costa occidental abrupta y ruda expuesta al oleaje del Océano Pacífico y a las lluvias inmisericordes generadas en el océano, mientras el margen costero opuesto, oriental o interior, es de costas suaves, onduladas y bajas. Desmembrada y sinuosa, deja miles de fiordos, canales, bahías, cabos, penínsulas y estrechos que dan al paisaje un aspecto variable de verdes lomajes, cuyos pies son amablemente bañados por un mar tranquilo y apacible, que permite la navegación de dalcas, goletas, faluchos, botes y lanchas; donde el hombre se ha establecido desde tiempos pre-colombinos en cavernas (chonos) primero, luego en aldeas nativas (cuncos, payos y huilliches) y posteriormente en villorrios y ciudades con la llegada de los conquistadores españoles. De norte a sur van apareciendo en las costas: Ancud, Chacao, Quemchi, Tenaún, Dalcahue, Achao, Curaco de Vélez, Castro, Rauco, Chinchi, Queilen, Compu, San Juan, y San Antonio de Chadmo, Chaiguao, Oqueldán, Quellón, Puerto Carmen, Piedra Blanca, Michailelo y Yatac, junto a la Isla San Pedro… Mientras que la costa del Pacífico ofrece sólo dos tímidos sitios poblados: Chepu, en el norte, y Cucao, en el sur.

Entre ambas costas se extiende de norte a sur la Cordillera de la Costa, que en Chiloé adquiere los nombres de Cordillera de Piuchué, desde los lagos Cucao y Hullinco al norte, y Cordillera de Piruril, desde esa depresión transversal al sur. Cordillera prístina, cubierta, cubierta sólo de vegetación nativa, muchos de cuyos parajes son totalmente vírgenes, nunca hollados por el hombre, parajes solitarios y majestuosos, donde predominan el silencio y la armonía naturales… reservados sólo para los pocos que se atreven… o si tienen el coraje de exponer sus vidas con el solo fin de alcanzarlos, como un sueño místico, como un desafío personal… sin un objetivo racional para arriesgar la vida en el intento… sólo porque ¡la Naturaleza llama!, o como decía Mallory, el joven escalador del Everest:… porque está allí.

La Huella de Abtao, minúsculo senderillo perdido en la inmensidad de la selva chilota, serpentea imperceptible, lenta e inexorablemente por la parte alta de los cerros –se encarna sufridamente- hasta trasponer la parte más alta de la Cordillera de Piuchué, para descender luego a las aguas del Pacífico, junto a la desembocadura del río Abtao, recorriendo una naturaleza pura y prístina, guardando sólo para algunos las historias increíbles pero reales que en este libro se cuentan, como un ariete filiforme que introduce al caminante a la oscuridad de lo desconocido, inundando luego de luz, observación y conocimiento nuestros espíritus inquietos".

Chiloé, un mundo separado. Ovidio Lagos

La isla de Chiloé, en el sur de Chile, ostenta un raro privilegio; posee una identidad cultural propia y una topografía que bien puede figurar entre las más bellas del mundo. Debido a su insularidad, es un asombroso fresco en materia de antropología, brujería, mitos personajes y arquitectura, que no se encuentra fácilmente en Sudamérica.

Ovidio Lagos reúne elementos históricos y antropológicos que forman parte de esta isla, visitada por Charles Darwin en 1834, y escribe un apasionante relato. Quien hubiera imaginado, por ejemplo, que una institución denominada la Mayoría no era otra cosa que una temible secta de brujos que funcionó hasta el siglo pasado, con una galería de seres demoniacos en la cual creen todavía algunos chilotes. Que los dioses y semidioses que conforman su extraordinaria mitología han surgido solo en esa isla. O que uno de los hombres más ricos del mundo, Bill Gates, viajó de incógnito a Chiloé, vestido con jeans y polera, para visitar una biblioteca de Quemchi.

Narrar Chiloé es traspasar la posmodernidad. Lagos no solo describe –y escribe- un espacio sino que también recupera un modo de vida desaparecido. Este libro de viajes encuentra su genealogía en sus relatos de los viajeros del siglo XIX y abre al lector un mundo insospechado y sorprendente, donde la naturaleza y las creencias parecen haberse detenido en el tiempo.

Chiloé. Charles Darwin

Este libro contiene las secciones sobre Chiloé de la obra Viaje de un naturalista alrededor del Mundo. El naturalista inglés visitó Chiloé en dos oportunidades durante su estadía en Chile por casi dos años entre 1833 y 1835. En ese viaje venía también el pintor y dibujante Conrad Martens.

Darwin tenía poco más de 20 años cuando recorre a pie, a caballo, en bote y en barco, extensas distancias en la Isla Grande de Chiloé y en el Archipiélago. Esta edición será una invitación para que el lector le imite y aprecie mejor los lugares que recorra. Enorme es la belleza natural que el viajero encuentra en las islas de Chiloé, tanto en la tierra como en el mar, pero los cambios ocurridos en el plazo de un siglo y medio se harán evidentes al comparar hoy con el pasado aquí descrito. Quizás el viajero considerará beneficioso el cambio de clima, con muchos menos lluvias; como las que perturbaron a Darwin en su casi permanente estadía en la foresta que cubría casi la totalidad de la isla en esa época.

El texto tiene gran valor en el campo de la botánica, la zoología, y la geología, describe la sociedad y sus costumbres. Sus apreciaciones respecto de los indígenas y demás habitantes de la isla, tienen un valor antropológico.

Memorias del Estero Paildad. Transformaciones socioeconómicas en el Chiloé profundo. Rodrígo Díaz P. (et. al.)

Corría la mitad de la década de 1990 y las empresas salmoneras y pesqueras se instalaban con fuerza desde Puerto Montt al sur, particularmente en el archipiélago de Chiloé. Esta situación trajo consigo una serie de transformaciones en el seno de la vida social, económica y política de las comunidades chilotas que aún basaban su vida en la subsistencia, en el trabajo doméstico-familiar de la tierra, la pesca artesanal y las tradiciones indígenas/españolas, herencia del período colonial.

El Estero Paildad, emplazado en la comuna de Queilen en la Isla Grande de Chiloé, forma parte de esta tradición histórica de ocupación. Paildad, Apeche, Contuy, Pilke y San Miguel conforman este espacio geográfico. Estos pequeños caseríos y localidades viven –y han vivido- de los recursos y posibilidades que les proporciona la geografía particular de esta zona. Todas ellas se constituyen como entidades de carácter rural, con una fuerte tradición chilota de explotación de la tierra y de los recursos marinos. En el territorio del Estero de Paildad abundan los bosques de canelo, arrayán, luma, por lo que también ha existido explotación maderera, de carácter doméstico y venta de leña en pequeñas cantidades. Actualmente, las principales actividades económicas son de subsistencia, completadas con aquellas que proporcionan un ingreso monetario, principalmente vinculadas al rubro acuícola-salmonero.

Esta publicación pretende mostrar la historia económica-productiva de estas localidades y sus transformaciones en el tiempo. Su narración se hace principalmente de lo que fue “contado/narrado” por los propios habitantes de estos lugares de Chiloé.

El libro es parte de un proyecto Fondart que también contempló la realización de un dvd. Ambos están disponibles en la Colección Patrimonial.

Ser Indio en Chiloé. Pablo Yáñez Delgado.

"Ser Indio en Chiloé. Breve visión y revisión de verdades aceptadas sobre el indio Chilhueño a partir de su reconocimiento e imposición en el discurso cotidiano" se publicó el año 2012 gracias el fondo nacional de fomento del libro y la lectura del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes. Es una contribución al conocimiento de la cotidianidad y la realidad del “indio chilhueño” y sus relaciones con la sociedad del archipiélago. A continuación dejamos un breve extracto.

<< Hoy por hoy es mucho más fácil decir en Chiloé: “Soy Indio”. No sé si de corazón, o por un tema simplemente de moda, o de estar “in” como se dice en términos televisivos. Tal vez, no por un tema ligado a la cotidianidad, sino por un afán netamente utilitarista.

Las políticas de Estado de una u otra forma han tratado de traspolar en los últimos años las inequidades y subaleteridades propias de lo indígena hacia una serie de ofertas concretas dirigidas a aquellos que aún se atreven a declarar su indigenidad. Esto traducido a las becas para indígenas o sus sucesores, defensa jurídica para indígenas, adquisición de derechos de aguas, adquisición de tierras, transferencia de inmuebles fiscales a personal técnico y profesional indígena, entre otros, que la institucionalidad vigente (principalmente a través de la denominada Corporación de Desarrollo Indígena – CONADI) presenta como forma de remediar un dalo construido históricamente. Frente a todo esto resulta más fácil decir “Soy Indio”. >>