Lunes , 14 Octubre 2019
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Los Carpinteros: el vínculo entre la madera y los chilotes

Hoy se celebra el día del carpintero. Un oficio que en Chiloé es relevante a la hora de entender los elementos con los cuales contaban las personas para trabajar la tierra, procesar alimentos y transportarse de un lugar a otro. “La madera no sólo se constituye en un medio para trabajar, sino que el chilote –en su interacción con la naturaleza- logra sintetizar en la madera y derivados, un modo de encarar y aprehender su medio natural.

La madera es el material que permite el desarrollo de la cultura chilota, la hemos denominado en otra oportunidad “la cultura de la madera”, porque desde tiempos prehispánicos la actividad del hombre chilote se centró en ella, condicionando no solamente su trabajo, sino su mentalidad y su vida social. En madera construyó su hábitat, no solamente la arquitectura como arte mayor, también lo fueron en madera las herramientas de labranza, anclas, cerraduras, adoquines y planchados (…)

Como podemos apreciar, el rol del carpintero –en sus diversas facetas- es clave para entender la vida insular. Un afectuoso saludo a todos quienes mantienen vivo este noble oficio.

Extraído de: Montiel, Felipe. Los últimos constructores de artilugios de madera en Chiloé. Imprenta Austral, Puerto Montt. Sin año de edición. p. 12

Otros libros que abordan la labor de los carpinteros:

Soussi, Luis. Chiloé: El legado de los oficios. Editorial Okeldan, Concepción. 2012

Uribe, Mario. Crónicas de Chiloé. Editorial Alfabeta, Santiago. 1982

Recordando con el tren y otras crónicas. César Vera Werner

En la revista “Cultura de y desde Chiloé” n°16 del año 2003, el autor nos muestra una crónica del tren que recorría el archipiélago de Chiloé. La locomotora recorría diez estaciones desde Castro hacia el norte: Llau-Llao, Pid-Pid, Piruquina, Mocopulli, Butalcura, Puntra, Kilómetro 25, Coquiao, Pupelde y Ancud.

El medio de transporte generó un oficio que atraía la curiosidad de las personas que transitaban en él y por donde éste pasaba. Es claro que en un lugar marcado por la navegación marítima y la vida campesina, hechos tan cotidianos como la mantención mecánica de la locomotora generaba curiosidad.

“Con un acucioso chequeo al aceitado, engrasado y otros detalles, el maquinista titular tomó el mando e inició los movimientos destinados a armar el convoy, amenizados por el melodioso tañido de la brillante campana de bronce de la 54; inmediatamente detrás de ella, el carro de carga, luego el de equipaje-correo, enseguida los dos de pasajeros.

A estas alturas, el andén cobraba mayor actividad, dinamismo, el pasajero buscando acomodo en los carros; “el Chueco Atilio”, “Patita y Media”, “Cachano”, “El Lucho” y tantos otros, junto a vivarachos chiquillos de la calle Lillo, arribaban a paso vivo, cargados con bultos y maletas, oficiando de changueros, ganando la changuita, las monedas.

Muchos niños acudían al espectáculo que se producía allí junto al puerto, se sumaban a ellos tripulantes de lanchones venidos desde las islas, también gente del sector campesino cercano, disfrutando de ese trajin. Para quienes, acostumbrados por siglos al transporte marítimo o a desplazarse por playas y senderos interiores a lomo de caballo, a pie, todo lo relacionado con el tren configuraba la novedad, hechos insólitos.”