Martes , 10 Diciembre 2019
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En los naufragios de la memoria. (cuando Gabriel García Márquez visitó Chiloé)

"Esa primavera del 95 traería vientos lejanos, con aromas de sortilegios, con inesperados encuentros... No hubo sueños premonitorios, ni mariposas amarillas que me contaran de su arribo...

Era Gabriel García Márquez, el más importante escritor hispanoamericano contemporáneo, ganador en 1982 del máximo tributo de las letras universales, premio nobel de literatura, gracias a su extenso y prestigioso camino por la novela americana, autor de clásicos como "Cien años de soledad", o "El amor en tiempos de cólera", entre muchos otros, era él, nada menos quién posó su maleta llena de gitanos. naufragios, sueños y milagros en el puerto de Castro, un nublado miércoles 7 de noviembre de 1995.

Así ocurrió:

Era el atardecer de ese miércoles, yo arreglaba los escaparates de librería La Trastienda, cuando pasó un heraldo anunciador, un pasajero del barco Skorpios, que, angustiado y presuroso, deseaba conseguir un libro de García Márquez, pues el autor viajaba en ese buque y ante tamaña gracia, él quería obtener una firma del novelista.

No faltó más que esa buena nueva, para que saliera a la calle a cazar noticias de quien era mi autor predilecto. Pero nada, ni su sombra por la Plaza, ni por calle Blanco.

Esa noche no dormí. Al día siguiente, jueves 8 de noviembre, como confabulación prodigiosa, de Inspectoría Genera, me llegó la indicación de asistir con mi curso a un encuentro de teatro en el Centro Cultural.

¡Albricias amigos! El destino me sonrió.

Por supuesto, mis alumnos-cómplices del 4ºA y yo, ni pisamos el Centro Cultural; grandes aventureros que hoy recuerdo: Cinthya, Rodrigo, Gabriela, Zaira, Fabiola, Juan Horacio y todos, dieron orden perentoria: - "¡Vamos profe! Veamos si podemos conocer al autor".

Asì, presurosos todos, llegamos al Puerto y nos instalamos a un costado del barco atracado en el muelle, sería los que Dios diga. Pasaban los minutos y nada, en algún momento, bajó un marinero quien nos reafirmó que allí viajaba García Márquez, pero en ese momento andaba recorriendo la ciudad. Ansiosos, prestos a los acontecimientos, esperamos.

A las 12:30 hrs. arribó un taxi y saltaron nuestros corazones y risas: era él, nada menos que el gran novelista, de quien tanto habíamos leído, don Gabriel García Márquez estaba frente a nosotros. Se produjo un instante mágico, él muy cordial y dispuesto a la conversación nos contó que éramos una agradable sorpresa en un viaje que había pasado inadvertido para todo Chile, contó que había buscado librerías en Castro, pero que no encontró ninguno de sus libros, preguntó a los muchachos acerca de sus lecturas y quedó muy sorprendido al saber que ellos habían leído casi toda su producción, especialmente lo recientemente publicado. Nos contó como novedad, que viajaba acompañado de dos amigos críticos literarios españoles con quienes revisaba su último libro, que sería un extenso reportaje acerca de un secuestro en su país(Efectivamente, a los meses apareció publicado el libro "Noticia de un secuestro").

Pasaba el tiempo y nos pidió unos minutos de descanso, para luego seguir conversando, nos prometió volver a las 13:00 hrs., especialmente para firmar textos y tomarnos fotografías.

¡Jesús!, ¡quedaba tan poco tiempo y tanto por hacer! Igual que comandos, los muchachos y yo nos separamos en grupos para conseguir lo que faltaba, ellos, corriendo, fueron a conseguir cámaras fotográficas y libros, mientras yo envié a buscar los textos de la Biblioteca del Liceo y un par de libros de la Trastienda.

Cuando regresó, ya estábamos listos, formó los libros que alcanzamos a conseguir, nos tomamos las fotos y nos despedimos.

Era la hora del zarpe y don Gabriel García Márquez continuaba su viaje por las aguas de Chile y nosotros iniciábamos el viaje infinito de la memoria. Cual momento sublime de realismo mágico, los treinta y tantos alumnos de ese curso, la sra. Gloria Gómez y yo, nos habíamos internado en un recuerdo de su corazón pues, alguna vez, cuando los avatares de la vida le añoren ese violento y lejano viaje al sur de Chile, habremos de poblar nuevamente su memoria y a lo mejor se encuentre entre sus añejos libros esos poemas que los niños chilotes le regalaron.

 Hoy, a dos décadas de ese mágico momento, quedan como mudos testigos de la maravilla de la vida, unas cuantas fotos, la alegría en el corazón y los silenciosos libros firmados por su autor en la Biblioteca del Liceo Galvarino Riveros Cárdenas".

Zabaleta Caicheo, Marcela. En: Horizontes del Sur. 75 años Liceo Galvarino Riveros Cárdenas. Castro, 2003. pp. 257-8

 

La importancia de los niños en palabras de Gabriela Mistral

Gabriela Mistral , en una conferencia realizada en la ciudad de Santiago el año 1954, con motivo del 18 de septiembre, entregó un claro mensaje de la importancia que tienen los niños en nuestra sociedad, el deber que tenemos como adultos de protegerlos y cuidarlos, y también, de la conexión que existe entre los niños y la naturaleza, algo que se ha ido perdiendo con los avances de la tecnología y el mercado del entretenimiento.

 A continuación dejamos el extracto:

 “Esta noche quisiera hacerle de otro necesitado, cuya causa es igualmente justa y noble, el es el niño, él es ese bultito pequeñito que llega a nosotros como el bien mayor y aunque parezca la cosa más invalida y menuda, especie de broma o de juguete, él debe volverse para nosotros desde esa misma nada, el dueño y señor de este siglo. Él aparece como una nonada, pero él va a ser el todo, nada menos que el todo, él es un mundo que habla con solo aparecer y el pide y cobra a su parte como el mayor pedigueño adulto. Todos sabemos que esa nonada puede llamarse a poco andar del tiempo un sabio, un artista, y el enviado o harbado de esferas que no conocemos, en el bultito vulgar y hasta chillón, en sus pequeños gritos, en todo eso, puede ser que al libre aquello que el pueblo llama un enviado, eso fueron nuestros libertadores.  En él, dios nuestro nos da y nos cobra, en él nos concede y reclama, en todas las lenguas del mundo se ha llamado al niño “el agraciado”, es decir, un dueño de la gracia a lo divino y a lo humano.

Ustedes estarán pensando con toda razón,  que yo no les estoy dando cosa parecida a unas palabras extendidas y que me estoy hurtando al tema, si y no, porque si este es el día de nuestros destinos, es el día a la vez del pasado y del futuro. Hay que confesar que en nuestro ayer el niño ha sido poco, hasta su nombre le hemos usado a la mala, de un hombre adulto que es ingenuo o si es alegre decimos que es un niño, sólo algún sabio ha dicho de él que es cosa de maravillar, qué milagro es cuando él recibe en sus sentidos todo lo que posee nuestro planeta, poco a poco, con que lentitud, son sus primeros meses aquellos en que unos ojos pequeñitos muestran una loca avidez de verlo todo y de entenderlo todo, y que ansiedad trae el tacto de sus manos para coger lo que lo rodea, con que avidez el palpa, mira y escucha.

Hasta los tres años él es un codicioso de todo, él es la más ávida de las criaturas, mira, oye y palpa con una especie de fiebre. Vendrá mucho más tarde el volverse pesado, distraído e indiferente para la fiesta que es la naturaleza entorno a su dios, el color de la tierra, el milagro de la floración, la vanidad de las formas y de los colores. Todo eso ese encantamiento, su curiosidad y su deseo casi rabioso de entender y de usar, nada menos que de un mundo. En todo niño indiferente, desabrido y tardío, sólo hay un pobrecillo sin la presencia de la naturaleza, al cual no hicieron ver ni jugar con flores, animales y colores. Eso sí que es un pobre entre los pobres. Yo tuve por gracia de dios una niñez de aldea y campo, y me duele cada vez que me encuentro unos chiquitos sin las quemaduras de nuestro sol en la cara. Cualquier niño que se cría en la sombra con muchos regalos, pero sin naturaleza es un niño maltratado. El niño es el golpe que te llega como gracia a un hogar, a una familia…”

En la biblioteca contamos con la extensa obra de Gabriela Mistral y una variada cantidad de estudios posteriores a sus escritos. Ven a la Biblioteca.